martes 13 de diciembre de 2011

TODOS SE MOJAN


El espacio público es aquel en donde las personas transitan con libertad, en pleno uso de sus derechos ciudadanos y por el que pueden sentirse bien de ser ignoradas y, al mismo tiempo, de ser respetadas. El espacio público "oculta" a las personas pues, ellas pueden moverse a través de él sin que nadie las observe, como si no existieran. Pero también las hace visibles porque este espacio es uno de encuentro. Quienes aquí se encuentran pueden sentirse iguales en lo que respecta a sus derechos ciudadanos, aunque diferentes en lo que respecta a sus valores culturales.
               Son, justamente, estos valores culturales los que ponen en peligro el uso del espacio público en la ciudad de Lima del siglo XXI. Las personas dejan de ser invisibles debido a estas diferencias y, al mismo tiempo, son jerarquizadas de acuerdo a sus costumbres. Esta jerarquización viola los derechos más elementales de los ciudadanos, pero al mismo tiempo vulnera los valores de la democracia.
               Para que en una ciudad haya real democracia, todos aquellos que la habitan deben sentirse iguales entre sí por el simple hecho de ser seres humanos. Es justamente en el espacio público en donde estos iguales se encuentran para darse cuenta que, aunque siendo diferentes en vestimentas, comportamientos y colores de piel, son exactamente iguales en lo que respecta a derechos y deberes y, como iguales, pueden discutir con los otros ciudadanos. Esta es la esencia de la democracia: el hecho de que los problemas de los habitantes de una ciudad puedan ser discutidos por todos en igualdad de condiciones, entendiendo las diferencias culturales de estos mismos habitantes.
               Lamentablemente, ello no ocurre en Lima porque como dije antes, el espacio público en la capital peruana sirve para establecer diferencias y jerarquías. Lo primero no es negativo porque es para eso que, entre otras cosas, existe el espacio público. Pero, a partir de las diferencias, establecer jerarquías entre las personas si es totalmente desafortunado.
               En la Lima del siglo XXI se entiende que aquel que se viste y se comporta  como occidental “blanco” tiene mayores derechos que aquel que se comporta como sujeto tradicional –es decir aquellos que viven en los sectores populares- y estos, a su vez, tienen mayores derechos de aquellos que aún se comportan como sujetos pertenecientes al mundo andino. Así, el espacio público limeño, en lugar de ser un espacio para ignorar y para encontrar, se convierte en uno que sirve para juzgar y para dividir. Las jerarquías son claras. El “blanco” se jacta de su comportamiento “refinado” y considera que aquellos individuos de sectores populares no saben reprimir sus impulsos y gritan, ensucian, ríen desenfrenadamente, entre otras cosas. Estos últimos consideran que los primeros son “pitucos” jactanciosos. Ambos grupos, más aun, consideran que los que provienen del mundo andino son ignorantes porque no hablan bien el castellano, sin darse cuenta que estos individuos son bilingües y se mueven en un ámbito cultural totalmente distinto al suyo.
               Establecidas así las cosas, cabría peguntarse si es posible que en la ciudad de Lima haya un espacio en donde pueda encontrarse a representantes de todos los habitantes de la ciudad para que se observen y se den cuenta que aun siendo diferentes son, al mismo tiempo, iguales. Para que a partir de allí surja la discusión, el entendimiento y la democracia.
               Estamos seguros que la ciudad de Lima aún no ha construido tal espacio. Peor todavía: en esta ciudad casi todo está enrejado, desde veredas, pistas hasta parques. La capital de la República se convierte así en una ciudad prepotente, en donde los derechos de la mayoría son violentados a diario. Sin embargo, aunque en la ciudad no hay un espacio público que pueda ser considerado como tal, el Parque de las Aguas, que está lejos de ser un espacio público per se, porque hay que pagar para ingresar, sirve, a nuestro entender, de un lugar en donde los limeños diferentes pueden encontrarse.
               Cuando el hasta entonces alcalde de Lima Luis Castañeda lo inauguró en julio de 2007 no tenía previsto que el parque podría cumplir la función de ser el espacio público que Lima necesita. En él se encuentran aquellos considerados “pitucos” jactanciosos que gustan del “orden”, aquel que es posible encontrar en el parque por la constante presencia de serenos municipales. Pero allí también están aquellos individuos de sectores populares, “desenfrenados” para los primeros y que hallan en las fuentes y en el agua elementos para expresar su “desenfreno”: ingresan a ellas, se mojan y salpican a todos haciendo que aquellos “pitucos” también se mojen y disfruten del desenfreno. Lo hacen tanto que aún ellos ingresan a las fuentes y, como jugando carnavales –aquella actividad que les disgusta por desenfrenada- se mojan y, de paso, mojan al resto.
               La actual administración de la municipalidad metropolitana de Lima quiere establecer la gratuidad para acceder al parque. Ello lo convertiría en un espacio realmente público. En él, la mayoría de limeños podría encontrarse y se daría cuenta que aunque podemos lucir diferentes somos iguales. Ese podría ser el inicio para la discusión y el entendimiento. Podría ser el brote de la democracia y como todo brote, necesita de mucha agua.
               

domingo 18 de septiembre de 2011

UN ESTADIO EN BUSCA DE SU AUTOR

Inaugurado como el mejor estadio del Perú, el Monumental debía redactar las nuevas historias del fútbol peruano, como la que estamos escribiendo. Pero un estadio sólo puede ser Monumental si es que por él pasan futbolistas que puedan construir monumentos.
Las tribunas vacías no bastan. Hay que llenarlas con gritos, con pasión.
El primero que movió las gargantas, que hizo que muchos llegasen a sus casa sin voz aunque trataban de describir la construcción del monumento fue el argentino Martín Vilallonga. Vestido con la camiseta crema, el mismo color que llenaba la tribuna norte, el delantero se fue a gritar el gol con todos, sabiendo que la mitad del estadio estaba en silencio. Fue el 26 de julio de 2002 y el primer clásico del monumental fue de la “U”.
Seis años debieron pasar desde aquel día para que el Monumental se siguiera construyendo con historias. El 14 de setiembre de 2008 la “U” convirtió a través del colombiano Mayer Candelo y quería ganarlo pero los futbolistas saben que los relatos se escriben con el balón. Los de Alianza saben manejarlo muy bien, tanto que algunos hicieron poesía con él. El Zorrito Wilmer Aguirre y Juan Diego González Vigil gritaron en el Monumental e iniciaron la fiesta a la que sólo estuvieron invitados los blanquiazules. Los anfitriones debieron marcharse sin voz y sin historia.
El 2009 fue el año en que los anfitriones, por fin, pudieron guardar historias que le podrán contar a sus hijos, nietos, etcétera. Y aunque Alianza había volteado el marcador el año anterior, nadie había hablado de garra. Esa palabra no fue escrita por nadie. En cambio, cuando el 12 de julio de 2009, los cremas le dieron la vuelta, garra y Monumental se hicieron uno solo. José Carlos Fernández había abierto la cuenta para los íntimos, pero Piero Alva y Gianfranco Labarthe le dieron la vuelta. Sus gritos no sólo hablaban de gol sino también de garra. Gritos que también llegaron desde el arco donde uno muy joven se había parado por primera vez frente al compadre y no se había achicado: Luis Llontop.
Pero lo mejor llegó el 13 de diciembre. En un estadio no sólo se escriben historias con goles; es más, las mejores historias surgidas desde un estadio son aquellas que hablan de títulos. Hasta ese momento, nadie se había quedado a festejar después de un clásico. Ese día Universitario y Alianza Lima definían el título nacional en el recinto crema. Lo que iría a pasar allí, ganara quien ganara, sería monumental. Un estadio no se parece en nada a una cárcel, salvo que en el recinto deportivo los aficionados quedan presos de sus pasiones. Los que están en la cancha cometen infracciones que son sancionadas con la pena máxima: el penal. Lo más curioso de una pena máxima es que puede desatar inmensas alegrías. Nolberto Solano marcó y fue lo máximo para los de Universitario.
Los partidos duran 90 minutos pero aquella historia duró bastante más, con entrega de Copa, con vuelta olímpica, las páginas escritas fueron muchas aunque la mitad de los aficionados del país no quisieron ni verlas. Aquel de Ñol fue el último gol de los cremas en su monumento.
Si Solano ha sido el veterano en marcar en un clásico monumental, Paolo Hurtado ha sido, hasta ahora, el más joven. Cuando convirtió el 10 de julio de 2010, tenía sólo 19 años. Es que para ser escritor la edad es lo de menos. Escritor de historias de fútbol, aquellas que no ganan premios Nóbel pero sí partidos, puntos y el simple hecho de ganarle al rival de siempre en su propia casa.
El 25 de setiembre de 2010 lo más cerca que alguno de los dos estuvo a punto de gritar fue en una pena máxima. Piero Alva se cuadró frente al balón, pero también lo hizo Salomón Libman. Es que un penal siempre será un asunto de dos. El arquero es el único futbolista que puede emplear las manos, pero no por ello se convierte en un inútil con los pies. En el arco las historias no sólo las escriben los delanteros. Bajo los tres palos viven los arqueros que deben evitar que los balones ingresen al arco, así lleguen de penales bien pateados. Alva remató y el grito salió de sur. ¿Qué grita un hincha cuando su portero tapa un penal? No nos queda claro pero, aunque no hubo goles, hubo gritos.
El 15 de julio de 2011 Universitario volvió a recibir a Alianza en un clásico que no ponía en disputa los puntos. ¿Pero es que algún clásico se juega por puntos? Fue amistoso, fue 0-0 y los que lo jugaban lo hacían desenfrenadamente, tanto que parecían mal de la cabeza. El mundo sabe de grandes historias escritas en momentos festivos. El fútbol es fiesta, también lo es el clásico. El Monumental aún está a la espera del autor de su gran historia.

miércoles 15 de junio de 2011

A PALERMO

Es un tronco y su historia se puede escribir de muchas maneras. Fue tan irresponsable que, pese a tener una seria lesión, siguió en el campo y remató el balón metiéndolo al fondo del arco rival. Se arriesgó tanto que festejaba al lado de hinchas, aficionados que lo querían pero uno nunca sabe. Decíamos que se arriesgaba tanto que se acercó a los hinchas y la pared se le vino encima dejándolo gravemente lesionado. Muchas veces, cuando fue al festejo, pateó paneles publicitarios que le pudieron dar el vuelto. Para suerte de él, quedó intacto.
 
Fue un jugador tan poco tocado por el virtuosismo del futbolista sudamericano que ni siquiera pudo engañar a un portero en un remate penal. No lo pudo hacer una vez, otra y otra. Las tres veces que fue a rematar un penal en el mismo partido, las tres veces no terminaron con el balón en el fondo de la red.

Los jugadores sudamericanos deben haber aprendido a jugar fútbol en el potrero, en la pista agrietada, en la tierra llena de huecos. Cuando tenían que marcar la portería, ponían una piedra o los libros y cuadernos que aquel día no fueron a clase. Nuestro jugador fue tan tronco que lo imaginamos parado ni siquiera como arquero, como el muchacho de peor nivel del barrio y que tenía que cuadrarse entre las dos piedras. No, lo imaginamos parado como una piedra, puesto allí por sus compañeros para que marcara el palo del arco.

Y allí, parado como palo, como tronco, imaginamos a Martín Palermo soñando con hacer goles, con empujar todos los balones en medio de las dos piedras, pelotas que terminarían deteniéndose por acción de un arbusto o del barro, porque red no había.

Este fue Martín Palermo. Un irresponsable, arriesgado, tronco que no pudo meter tres penales seguidos. Y sin embargo será uno de los jugadores más recordados y queridos por los hinchas de Estudiantes, de Boca, de Argentina y de muchas partes de Sudamérica.

En Perú lo sufrimos cuando nos convirtió un gol en posición adelantada, aquel que llevó a Argentina a un mundial. El gol que nos convirtió Argentina cuando Gareca empujó a Chirinos en el Monumental de River en 1985 lo recordamos aquí con molestia. El de Palermo nos queda como anécdota. Como el gol de un tipo al que se le podía permitir todo.

¿Cómo es posible que un tipo así sea tan querido? ¿Cómo un tronco como Palermo puede originar sentimientos tan sublimes en miles de hinchas eufóricos y a veces violentos?

Y es que como dice el comercial en donde habla Pelé, esto es Sudamérica, el continente donde no se juega football sino fútbol.

Tal vez, en el interior de cada uno de nosotros haya ese ser irresponsable, arriesgado, muy malo para el fútbol pero que de vez en cuando nos salía una que la seguimos contando aunque ya peinemos canas. Tal vez Martín Palermo nos recuerde que somos sudamericanos que jugamos con virtuosismo, bueno a los pocos que les sale esa clase de fútbol. La mayoría nos debemos contentar con disfrutar de ese tipo de balompié y seguir siendo troncos.

Siempre hemos creído que los troncos no deben actuar en un partido de fútbol. Que gente como la generalidad de los sudamericanos, gente como yo, no debería estar en una cancha porque su forma de jugar no se condice con el estilo de juego sudamericano. Pero nosotros somos así, arriesgados. Y por eso es que queremos a aquellos Martín Palermo que llenan nuestras canchas, como el Checho Ibarra u Oswaldo Cachito Ramírez en el Perú: troncos que triunfan. Goleadores que nos permiten soñar con enviar a nuestros hijos, algún día, a un campo de fútbol para que, así como su padre, juegue muy mal pero anote y regrese a casa con los aplausos y la ovación. Martín Palermo nos permite creer y por eso los homenajes.

A todos nos queda claro que no ha sido un gran jugador. Pero no nos cabe duda que ha sido un gran sudamericano. Gracias Palermo.

jueves 9 de junio de 2011

LA BLANQUIROJA: LA CAMISETA DE TODOS LOS COLORES

La selección peruana de fútbol. Como la gastronomía, fue incorporando ingredientes hasta lograr su identidad. En 1911, con una camiseta roja, sólo jugaban blancos, aunque ya hacían paredes y anotaban muchos goles, siendo el goleador por excelencia Telmo Carbajo. El porteño jugó en una selección de Lima y el Callao que se presentó ante Uruguay en 1924. Aún usaban la roja.

En 1927 el fútbol peruano incorporó un nuevo color: los estupendos jugadores afroperuanos aparecieron en el equipo nacional utilizando un nuevo uniforme. A la camiseta blanca se le añadió el rojo. Era una camiseta listada y que debutó en el Sudamericano organizado por nuestro país en 1927. La delantera de aquella primera selección estuvo conformada por José María Lavalle, Alberto Montellanos, Segundo Aranda, Alejandro Villanueva y Rodolfo Muro. Sólo le ganamos a Bolivia pero a la pared le sumamos la gambeta y ese fue el mayor logro de Perú.
En 1930 la selección peruana volvió a cambiar la camiseta y a su fútbol le siguió añadiendo ingredientes que iban conformando la nacionalidad peruana. El uniforme era totalmente blanco y lucía el escudo nacional sin laureles. Alejandro Villanueva, Mario de las Casas y ahora también había un descendiente de chinos: el huaralino Julio Lores Colán. En el mundial del 30 la prensa peruana fue creando los mitos que se añadieron a nuestra identidad como nación: José María Lavalle le bailó marinera al uruguayo Gestido.
Lima volvió a ser sede de una Copa América en 1935 y Perú lució una nueva camiseta. Totalmente blanca, con una franja roja pero horizontal y el escudo de la Federación Peruana de Fútbol. Esta duró muy poco, sin embargo. Años después la franja se inclinó.
Siempre nos hemos preguntado por qué los equipos de fútbol usan franjas cruzadas sobre un uniforme blanco. Alguna vez supimos que fue debido a que muchos planteles saltaban al campo vestidos de blanco. Para distinguir a unos de otros, les colocaban una banda, como la de las reinas de belleza actuales. Al uniforme blanco de Perú le añadieron una banda roja y la identidad estaba casi completa. Con esa camiseta Perú viajó a Berlín a seguir escribiendo mitos: el enfrentamiento con Hitler y el retiro de los Juegos Olímpicos convertido en un triunfo moral.
Pero para que una identidad se haga indeleble y uno pueda sentirse orgullosa de ella hace falta algo: ganar un campeonato internacional. Con la camiseta cruzada Perú ganó la Copa América de 1939 con blancos, negros, chinos y mestizos. Sin embargo, para que la identidad estuviera completa, debía aparecer el último gran ingrediente, aquel que le iba a dar a Perú su segunda Copa América muchos años después: aún usando la camiseta blanca con su franja roja cruzada Perú ganó su segunda Copa América, la de 1975, anotando en la final el cholo. Sí, el cholo Hugo Sotil.
Esta camiseta ha tenido pocas variantes. La más llamativa fue aquella que se lució una franja hecha a base de cuadritos blancos y rojos.
A partir de allí volvimos a la franja clásica. Aquella que se empezó a utilizar en 1936 y que nos dio la Copa América de 1939. La camiseta de la selección se ha identificado tanto con Perú que algunos creen que es un símbolo patrio. Tras ella estamos todos los colores identificados, todos los peruanos, aquellos que vamos al estadio o aquellos que lo vemos por televisión. Nos guste o no, el fútbol atraviesa la vida de todos y, por ello, el uniforme blanquirrojo nos identifica a todos.

martes 3 de mayo de 2011

ERIC ABIDAL EL SER HUMANO

Sólo jugó unos pocos segundos así que, en lo futbolístico, poco o nada se puede decir de él. Pero el fútbol no sólo es un juego donde participan futbolistas. Es, sobre todo, una actividad en la que participan seres humanos. Y sobre humanidad si es mucho lo que se puede decir de Eric Abidal.
Se le detectó un tumor en el hígado el 15 de marzo pasado. Casi de inmediato llegó al quirófano donde fue operado. Un mes y medio después volvió a pisar una cancha no tanto como futbolista sino más bien como un ser humano. Qué ¿cuál es la diferencia entre uno y otro? Los futbolistas a veces ganan y otras veces pierden. Los seres humanos, cuando actúan como tales, aunque parece que estén perdidos, siempre terminarán ganando merced a su esfuerzo. Lo de Abidal es para destacarse. Si Barcelona perdía frente a Real Madrid, él hubiera perdido con sus compañeros pero, al mismo, hubiese resultado ganador. Venció a un tumor en el hígado, a una operación que asusta a cualquiera, futbolista o ser humano, y saltó al campo del Nou Camp a estar en él sólo por algunos segundos porque uno puede ser aplaudido por ser un gran futbolista pero es mejor recibir los aplausos como un simple ser humano. 

viernes 14 de enero de 2011

LOS AMISTOSOS DEL EQUIPO DE FERRÍN

Navegando, no encontré ninguna página que diera cuenta de todos los amistosos que ha jugado la selección peruana sub 20 que dirige Gustavo Ferrín y que se prepara para afrontar el Sudamericano de la categoría en el sur peruano. (Si es que tal página existe, mis sinceras disculpas). Como no la encontré, aquí la lista de todos los amistosos:
3 de agosto de 2010 Tacna Perú Chile 3-0 Diago Portugal, André Carrillo, Tarek Carranza

5 de agosto de 2010 Arica Chile Perú 2-2 Diago Portugal, Tarek Carranza
6 de setiembre de 2010 Arequipa Perú Colombia 0-2
8 de setiembre de 2010 Arequipa Perú Paraguay 0-2
10 de setiembre de 2010 Arequipa Perú Estados Unidos 2-1 Osnar Noronha, André Carrillo
5 de octubre de 2010 Uruguay Perú 1-1 Tarek Carranza
7 de octubre de 2010 Uruguay Perú 1-0
12 de octubre de 2010 Moquegua Perú Uruguay 1-0 André Carrillo
14 de octubre de 2010 Arequipa Perú Uruguay 2-1 Alex Callens, Rodríguez (autogol)
18 de octubre de 2010 Medellín Perú Paraguay 2-1 Christian Cueva, Osnar Noronha
20 de octubre de 2010 Medellín Perú México 0-3
24 de octubre de 2010 Medellín Colombia Perú 5-0
13 de diciembre de 2010 Chile Perú 2-2 André Carrillo, Osnar Noronha
15 de diciembre de 2010 Perú México 1-2 Christian Cueva